Oct 22, 2021
Por: Ghiovani Hinojosa 

El 7 de octubre de 1996, en un auditorio de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez dijo: “La investigación no es una especialidad del oficio, todo periodismo debe ser investigativo” (El País, 1996: web). La frase, dicha como parte de un discurso sobre la crisis de la prensa, es un primer problema para todo aquel que quiera definir el periodismo de investigación. 

Se dice, citando al Nobel de Literatura, que no se puede hablar de una especialidad llamada “periodismo de investigación” porque sería redundante, ya que en todas las facetas del oficio -incluso en el periodismo diario- se investiga. Pero cualquiera que abra un periódico y vea una nota informativa al lado de un reportaje de investigación entenderá que se trata de periodismos distintos. La nota informativa suele ser escueta y superficial, mientras que el reportaje de investigación, largo y exhaustivo. La primera se elabora en horas, la segunda puede tomar meses. Una describe la coyuntura del momento, orquestada muchas veces por las oficinas de relaciones públicas; la otra crea su propia coyuntura a partir de revelaciones. La nota informativa es muchas veces inofensiva, nadie pretende censurarla, pero un reportaje de investigación sacude las estructuras del poder y puede generar intentos de silenciamiento. 


Está claro que el trabajo diario puede mostrar altos niveles de calidad, pero nunca mostrará la profundidad de un reportaje investigativo.


Está claro que el trabajo diario puede mostrar altos niveles de calidad, pero nunca mostrará la profundidad de un reportaje investigativo. Como afirma Ricardo Arques, “el periodismo bien hecho muestra una fotografía de la realidad, mientras que el periodismo de investigación muestra una radiografía de la misma. Eso que no emerge a primera vista, pero que está ahí. Algo que permanece oculto y sólo sale a la luz con una técnica y trabajo especiales” (ápud Caminos, 2007: 17). 

Rodríguez (cf. 1994: 23-24) ha establecido seis diferencias entre los periodistas dedicados al trabajo diario y los periodistas investigadores. 

 

Periodista informador  Periodista investigador 
  1. Usa técnicas periodísticas básicas para obtener la información, por ejemplo, entrevistas previamente pactadas y conferencias de prensa. 
  1. Normalmente basa sus textos en una o dos fuentes identificables. 
  1. El periodista que cubre la noticia es prescindible, pues otros reporteros también tienen acceso a ella y pueden difundirla. 
  1. Suele sustentar sus textos en investigaciones hechas por otros, por ejemplo por fiscales o investigadores universitarios. 
  1. Casi nunca se incluye como parte del relato periodístico. 
  1. Sus textos no suelen desencadenar crisis políticas o sociales. 
  1. Usa técnicas periodísticas, pero también técnicas de otros profesionales como el policía, el historiador y el detective privado. Por ejemplo, se puede infiltrar en un grupo sin revelar sus planes. 
  1. Basa sus textos en múltiples fuentes tanto identificables como anónimas. 
  1. Sin la intervención del periodista, el hecho se mantendría oculto. Por tanto, su trabajo es imprescindible. 
  1. Sustenta sus textos en investigaciones propias. 
  1. En ocasiones se incluye como parte del relato periodístico. Por ejemplo, cuando buscan intimidarlo por sus revelaciones. 
  1. Sus textos suelen desencadenar crisis políticas o sociales. 

 

Otro rasgo que puede distinguir al periodista de investigación del periodista diario es su preocupación casi obsesiva por la verificación de los hechos. Según Rodríguez (1994: 31-32), el investigador “está mucho más interesado por los hechos que por las personas (al contrario que un periodista entrevistador). Las personas para su trabajo no son más que productoras de hechos, carecen de importancia por sí mismas; si se las nombra no es en función de lo que son, sino de lo que hacen o pretenden hacer. El investigador se puede sentir mucho más cómodo frente a un montón de documentos inclasificables que frente a un entrevistado”. 


Otro rasgo que puede distinguir al periodista de investigación del periodista diario es su preocupación casi obsesiva por la verificación de los hechos.


De acuerdo a lo dicho hasta aquí, ¿cómo se podría definir el periodismo de investigación? Secanella (1986: 109) dice que esta especialidad “tiene por objetivo el proponer reformas, exponer injusticias, desenmascarar fraudes, dar a conocer lo que los poderes públicos quieren ocultar, detectar qué instituciones no cumplen con su trabajo, dar información a los electores sobre los políticos y sus intenciones de actuación, reconstruir acontecimientos importantes”. 

En la misma línea, el exsubdirector de El País (España) Eduardo San Martín afirma que este tipo de periodismo tiene por fin “desenmascarar las cortinas de humo, los globos-sonda y otras técnicas de intoxicación tan a menudo utilizadas por grupos políticos, económicos, gremiales o sindicales para servirse de los periodistas y de los periódicos, y descubrir lo que hay tras de ellos; seguir la pista de informaciones de las que únicamente se ha mostrado a la opinión pública una parte para provocar en el receptor una idea absolutamente equivocada de lo que realmente puede estar ocurriendo” (ápud Quesada, 1987: 33). 

Howard Simons, exeditor de The Washington Post dice que “está en la naturaleza de los periódicos iluminar la oscuridad antes que reflejar la luz. Si los periódicos hablaran únicamente de esos aspectos de la vida que reflejan la luz, la gente dejaría de leerlos” (ibídem: 35). Siguiendo con las metáforas sobre luminosidad, el columnista Walter Lippmann solía repetir que el periodismo debe recorrer con un haz de luz todos los rincones, para que todo pueda verse. 

La comunidad estadounidense Reporteros y Editores de Investigación (IRE, por sus siglas en inglés) asume un texto de investigación como “un reportaje hecho por trabajo e iniciativa del reportero sobre asuntos de interés público que alguna persona o algún grupo quiere mantener oculto” (ápud Santoro, 2008: 25). El premio Pulitzer Jack Anderson amplía esta definición así: “Para que un trabajo periodístico pueda considerarse realmente periodismo investigativo debe reunir tres requisitos: a) que la investigación sea el resultado del trabajo del periodista, no la información elaborada por otros profesionales (policía, gabinetes de prensa u otros servicios informativos); b) que el objeto de la investigación sea una cuestión importante para un grupo considerable de la población; y c) que las personas u organismos afectados intenten esconder y dificultar el hallazgo de los datos comprometedores” (ápud Martínez Albertos, 2007: 321-322). 

La definición de Anderson parecer ser la más acertada, pues ordena todos los puntos anteriormente expuestos y permite detectar por contraste los casos de pseudoinvestigación. Sobre el primer requisito (el de basarse en la investigación propia) debemos recordar que esta especialidad es la que más desconfía de la información difundida por las instituciones. “El periodismo de investigación tiene como punto de partida el rechazo sistemático de las versiones oficiales”, señala Caminos (2007: 26). 

Sobre el segundo requisito (que el tema sea relevante) hay que hacer algunas precisiones. Para empezar, como dice Secanella (1986: 109): “Que los temas sean razonablemente importantes para amplios sectores de la población no quiere decir que se trate de temas de gran alcance geográfico. Quiere decir, simplemente, que incluso en ámbitos geográficos reducidos -localidad, provincia, etc.- afectan e interesan a amplios sectores sociales”. Por ejemplo, el desfalco de una municipalidad distrital de Ayacucho bien merece una investigación. Claro, lo más probable es que el caso lo cubra un medio local, porque los nacionales andan prendados del gobierno central y otras instituciones capitalinas. Además, como dice Santoro (2008: 79), “la investigación periodística practicada desde los grandes medios debería enfocar siempre a los poderosos. Que un medio nacional se ocupe del concejal de un pequeño pueblo equivale a matar una hormiga con un cañón”. 

Las irregularidades denunciadas pueden ser de lo más diversas. Gaines (1996: 2) recuerda que el reportero investigador “tiene un campo de acción mayor que el de un fiscal, porque entre sus temas pueden estar incluidos males que no son ilegales. El artículo puede indicar la necesidad de una nueva ley y tener como resultado que se promulgue una”. Por eso la principal arma de un investigador es el sentido común. Di Doménica (2013: 28) agrega que esta especialidad puede ocuparse de “situaciones a las que nos hemos acostumbrado o realidades que no forman parte de la agenda de los medios y, por ese motivo, nadie las toma en cuenta; injusticias o irregularidades que todos observamos, pero que por uno u otro motivo nadie intentó investigar”. 

Finalmente, el tercer requisito del periodismo de investigación (el intento de censura) es fundamental para entender de qué hablamos. Un reportaje que se hace con facilidad y sin despertar la oposición de nadie no sería investigación. El periodista Óscar Cardoso lanza una autocrítica: “Frecuentemente refritamos el discurso del otro. Hablamos de cosas que nadie seriamente quiere ocultar” (ápud Di Doménica, 2013: 26). Secanella (1986: 86) añade: “Cuanto más importantes son los temas a investigar, más grande es la oposición y los obstáculos que las personas implicadas ponen al investigador”. La relación tirante entre periodista e investigado puede adoptar un tono épico. “Cuando el medio de comunicación consigue probar lo investigado, publicar esa revelación constituye una victoria del periódico sobre el actor social empeñado en el secreto. Y, al mismo tiempo, es la pública celebración de esa victoria”, reflexiona Borrat (1989: 79). 

Ahora bien, ¿contra quién debería enfilar sus baterías el periodismo de investigación? “Parece que tiene mayor atractivo trabajar sobre los poderes públicos porque de alguna forma son los garantes, o deberían serlo, de la justicia social, de la honestidad. Obviamente, tiene más interés descubrir a un ministro corrupto que descubrir a alguien que en el campo privado pueda estar cometiendo un delito. De hecho, el mismo Código Penal español establece diferencias entre esos dos tipos de delitos: en el caso de los cometidos por personas representantes de los poderes públicos añade penas diferentes, ya que tipifica esos delitos como tráfico de influencias o cohecho”, comenta de entrada Caminos (2007: 21). 

Santoro (2008: 35), quien destapó la irregular venta de armas de Argentina a Ecuador durante el gobierno de Carlos Menem, coincide con esta interpretación: “En América Latina resulta más fácil investigar a gobiernos que a empresas privadas poderosas que, a la vez, son grandes anunciantes en los medios. Por eso un recurso que se puede usar consiste en enfocar la nota sobre el funcionario público y citar a la empresa en medio del texto”. 

“Los funcionarios públicos del nivel inferior son escrutados por legiones de periodistas; los artículos que los ponen en evidencia evitan el desperdicio, el fraude y la corrupción de parte de lectores a quienes detiene el temor a revelaciones de esa naturaleza”, explica Gaines (1996: 3). Es decir, este tipo de periodismo disuade a los corruptos y, por tanto, cuida el dinero público. 

 

Fuentes 

  • Borrat, H. (1989). El periódico, actor político. Barcelona: Gustavo Gili. 
  • Caminos, J. (1997). Periodismo de investigación: teoría y práctica. Madrid: Síntesis. 
  • Di Doménica, S. (2013). Periodistas que preguntan por qué. Buenos Aires: Biblos. 
  • Gaines, W. (1996). Periodismo investigativo para prensa y televisión. Bogotá: Tercer Mundo. 
  • García Márquez, G. (1996). “El mejor oficio del mundo”. Extraído el 6/IX/2021 desde http://elpais.com/diario/1996/10/20/sociedad/845762406_850215.html 
  • Martínez Albertos, J. (2007). Curso general de redacción periodística. Madrid: Thomson. 
  • Quesada, M. (1987). La investigación periodística. El caso español. Barcelona: Ariel. 
  • Rodríguez, P. (1994). Periodismo de investigación: técnicas y estrategias. Barcelona: Paidós. 
  • Santoro, D. (2008). Técnicas de investigación: métodos desarrollados en diarios y revistas de América Latina. México D. F.: Fondo de Cultura Económica. 
  • Secanella, P. (1986). Periodismo de investigación. Madrid: Tecnos. 

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